MENOS ES MÁS

Arquitectura y Urbanismo

miércoles, 23 de mayo de 2012

Essaouira

Existe una ciudad costera en el oeste de Marruecos llamada Essaouira. Habitada por cartagineses y fenicios desde el siglo V a.C., esta pequeña urbe se sitúa en un puerto natural rodeado de pequeñas islas que le confieren un emplazamiento estratégico para el comercio y para la protección de las flotas pesqueras contra los fuertes vientos que soplan desde el Océano Atlántico. Disputada a lo largo de los tiempos por romanos, bereberes y almorávides, en el siglo XV los portugueses la conquistan y empiezan a construirse las primeras fortificaciones. Posteriormente, tras la Batalla de los Tres Reyes en 1578, la ciudad cae definitivamente en poder árabe por la dinastía alauí, y en 1764 se reforma completamente dándole el aspecto actual.


Esta breve introducción histórica intenta explicar la evolución que sobre el urbanismo de una ciudad provocan las sucesivas conquistas por parte de diferentes imperios o culturas. Essaouira es una de las ciudades más bonitas que he visto en mi vida. Es decadente, los edificios tienen las paredes desconchadas, las calles no están asfaltadas, la habitación del riad donde nos alojamos tenía "pequeños invitados" que no habían pagado la noche, los mercados venden productos que dudo mucho pasen alguna medida sanitaria (a no ser que se descubra que la carne se mantiene mejor en la calle bajo el sol y el calor que en un frigorífico)... y sin embargo volvería allí siempre que pudiera. Porque pasear bajo las arcadas de sus callejuelas cubiertas es como viajar en el tiempo. Descubrir los talleres orfebres escondidos en reductos al final de un oscuro túnel, encontrar una carpintería tradicional en la que se trabaja la madera de tuya o pasear por las calles de la medina es un auténtico placer para todos los sentidos. Es una ciudad que conserva su esencia intacta, esa mezcla de culturas que hacen cualquier lugar tan fascinante.


Porque la arquitectura de Essaouira no se puede definir como marroquí; es eclecticismo puro. Las viviendas más expuestas al mar parecen mediterráneas, con sus paredes encaladas y sus ventanas de madera. Los edificios de los consulados europeos recuerdan a la arquitectura colonial que se puede encontrar en Sudamérica o, en menor medida, en ciertos lugares de Cádiz. El interior de la ciudad presenta la típica estructura urbanística árabe de callejuelas estrechas y enrevesadas que parece que no conducen a ningún lugar. Existen plazoletas con forma de claustro en las que hay unidas viviendas tradicionales árabes, con sus minúsculas ventanas al exterior y sus acogedores patios interiores, con arquitectura gótica europea, con interiores en los que descubres arcos de medio punto en espacios que otrora contuvieron iglesias u otros lugares de culto.


De todas formas, no hay que olvidarse que Essaouira se está transformando en una ciudad turística. Tiene una de las playas más limpias y espectaculares que he visto, y alrededor de ella se van construyendo hoteles de diferentes cadenas intenacionales, fuera del recinto amurallado de la ciudad antigua. Aún así, muy cerquita de aquí podemos encontrar lugares en los que todavía la especulación salvaje que ha transformado nuestro Mediterráneo en los últimos 50 años no los ha destrozado. Aquí, en España, preciosos pueblos de pescadores, como Peñíscola, Calpe, Altea y tantos y tantos otros, han visto cómo su territorio se ha invadido por miles y miles de construcciones levantadas sin ningún apego al lugar ni al entorno ni a la historia; simplemente apegadas al afán de ganar dinero de cualquier manera. Lugares horripilantes como Marina d'Or se han convertido en incomprensibles destinos turísticos cuya historia es la de la corrupción urbanística y toda la ilegalidad descubierta y la que queda por descubrir. Y todavía me cuesta entender cómo se ha podido llegar a todo esto.


Pese a todo, todavía tenemos estos refugios naturales a la esencia humana que perdurarán con el tiempo. Si esta ciudad ha resistido asaltos y asedios, espero que pueda con la invasión que durante los próximos años le espera. Mientras tanto, podremos comer pescado recién sacado del agua y disfrutar de una de las puestas de sol más espectaculares que pueden admirarse.


miércoles, 16 de mayo de 2012

Marrakech

Durante las pasadas vacaciones de Semana Santa me fui con un buen amigo unos días a visitar Marruecos. Era la primera vez que pisaba África y el cambio me sorprendió, puesto que encontré las ciudades muy similares a las nuestras. Lo poco que vi del norte es muy parecido al Mediterráneo: urbanizaciones y bloques de apartamentos muy modernos en un país que lucha por atraer el turismo rivalizando con los del entorno, en un paisaje desvirtuado en el que la tradición ha quedado relegada a pequeñas zonas marginales en los cascos antiguos y en los pueblos del interior.


En cambio, el sur me impresionó porque creo que todavía mantiene esa esencia de una cultura que poco a poco se va mezclando con la modernidad. No sé si para bien o mal. Supongo que una visión romántica de la vida nos conducirá a pensar que las costumbres no se deben perder, y que la globalización es algo que desvirtúa el carácter propio de la tradición. Pero por otra parte, basta con preguntar a las personas que hacían cola en un atestado McDonald's situado en la avenida de Mohamed VI de Marrakech para comprender que es un proceso imparable.


Independientemente de este proceso, la forma de vida de esa ciudad sigue anclada en la tradición. Marrakech nació como punto de encuentro de las caravanas de comerciantes que partían hacia el sur de África, ya que era un paso estratégico a través de la cordillera del Atlas. Y la ciudad antigua, la Medina, es un gran bazar repleto de tiendas y comerciantes que, todo hay que decirlo, al viajero occidental le hacen la vida un poquito imposible. Se vive en la calle, como hace mil años cuando todo aquello se fundó, y puedes encontrarte desde encantadores de serpientes a faquires o cuentacuentos en su corazón, la plaza Jamaa el Fna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 
Un detalle del efecto de la mezcla de culturas y de la evolución de las costumbres se encuentra en la arquitectura residencial marroquí. Descendiente de la tradición romana, las viviendas se vuelcan completamente al interior y se aíslan del exterior. En las plantas bajas se sitúan las zonas de trabajo, talleres o tiendas, y en las plantas altas se disponen las habitaciones, alrededor de un patio central que rodean abriendo puertas y ventanas. Éste patio se suele separar del exterior por altos muros, que mitigan el impacto del ruido y del jaleo de las calles adyacentes, generando un espacio muy tranquilo y acogedor. Realmente salir por las puertas de los Riads a las calles de la ciudad es como entrar en otro mundo en el que te juegas la vida a la hora de cruzar cualquier calle por miedo a que te atropelle un coche, una moto, una bici o un burro.


En la antigua Roma, las familias más o menos adineradas vivían en las Domus, las viviendas anteriormente descritas. El resto vivía como vivimos ahora, en las Insulae, apartamentos de una o dos habitaciones que recuerdan a muchos pisos actuales. A través de las conquistas y la expansión del Imperio, la tradición se fue extendiendo por todas las zonas donde los romanos pusieron el pie. Y esta tradición en este lugar se ha quedado bien anclada. Basta mirar una imagen del google Earth sobre la Medina para ver que todas las viviendas repiten el sistema de patio central alrededor del cual se disponen todas las estancias. Como el impluvium romano, en muchos de ellos se sitúa una fuente o estanque que permite recoger el agua de las escasas lluvias para dar frescor y combatir el calor. Se crea como un pequeño claustro que elimina la incidencia directa del sol sobre las paredes, y siempre se coloca vegetación que tamiza la entrada de la luz.


Esa mezcla entre la tradición de la zona, patente en el color rojo tierra que está presente en todas las construcciones, y las técnicas e ideas que provienen de otros países acaba dando sus frutos y crea una arquitectura muy funcional elaborada con pocos recursos. Como vemos, la globalización entendida como mezcla de culturas se ha dado a lo largo de la historia.


martes, 24 de abril de 2012

Green Oak Writer's Studio

El estudio de arquitectura americano Bertram Architecs ha realizado una interesante obra en las colinas de Hollywood, cerca de Los Ángeles, California. Se trata de un sencillo estudio apartado del ruido de la ciudad, concebido pensado en el escritor que necesita tranquilidad para el nacimiento de la inspiración en su trabajo.


Por ello se han proyectado formas simples y limpias para crear un pequeño lugar en el que todos los elementos se encuentran integrados en la arquitectura. El mobiliario surge de las paredes y no invade el interior, maximizando el espacio útil de la obra. Se utiliza la madera para crear un ambiente cálido y acogedor. El aseo se reduce a lo mínimo indispensable, y la ducha se sitúa en el exterior, aprovechando el fabuloso clima de la zona.

  

Una única ventana continua que parece gravitar sobre las paredes pone en contacto el interior con el entorno, volcando las vistas hacia la urbe y, más allá, hacia el Océano Pacífico. El exterior se resuelve mediante tablones de madera de ipe y teka, integrando el conjunto en el lugar sin crear estridencias.


jueves, 9 de febrero de 2012

Frank Lloyd Wright

Hace unos días estuve en Madrid visitando la exposición que el Museo del Prado dedica al Hermitage de San Petersburgo, con motivo del año dual España-Rusia que se celebró durante todo el 2011. Siempre es emocionante visitar el Prado, seguramente el espacio en el mundo con mayor cantidad de obras de arte por metro cuadrado que existe. Es una gozada quedarte absorto viendo El jardín de las delicias, avanzar unos metros y encontrarte con La rendición de Breda o sentir un poco más allá la sensualidad de las Majas de Goya, mientras paseas entre salas que rezuman historia por todos sus ángulos.


Y más gozada es tener la suerte de visitar tamaña cantidad de obras de arte con personas enamoradas de la cultura y de la historia. Alberto, Sara y Mª José fueron los guías que nos descubrieron hasta el más mínimo detalle del Descendimiento de Roger van der Weyden, los trucos de Tintoretto para crear espacios que fluyen con nuestro movimiento o los añadidos de Goya en varios de sus cuadros de La Quinta del Sordo. Así mismo, también pudimos visitar el anexo en el claustro de San Jerónimo del Real, donde Rafael Moneo realizó la ampliación del museo con, desde mi punto de vista, mucho acierto. Fácilmente se puede comprobar en la iluminación de las salas; en el edificio de Juan de Villanueva la luz incide directamente sobre las obras y entorpece su correcta apreciación, creando brillos y contrastes, en vez de generar una atmósfera uniforme, como ocurre en el de Moneo. Así mismo, los espacios están perfectamente definidos e indicados, no como en el viejo museo donde es muy fácil perderte. Aunque esto también tiene su encanto, y permite sentirse Indiana Jones por un día, rodeado de tantas maravillas.


Al salir del museo reflexionaba sobre estas y otras cuestiones cuando Alberto me contó que ojalá el Museo del Prado tuviera una distribución parecida al Guggenheim de Nueva York. A partir de ello, comenzamos una conversación muy interesante sobre Frank Lloyd Wright, uno de los mejores arquitectos que han existido. Más allá de la archiconocida Casa de la Cascada, lo que maravillaba de él era el cuidado por el más mínimo detalle. Puede que los arquitectos hoy en día, pese a todas las herramientas de las que disponemos, no podamos alcanzar la calidad infinita de estas obras. Desde el diseño de elementos como los pomos de las puertas, el control absoluto de la iluminación y las visuales, o la perfecta integración de los edificios en los entornos en los que se asientan.


El cuidado total por todo lo que forma parte de la arquitectura lo podemos comprobar en la siguiente anécdota. En 1950, Robert Berger, un profesor de San Anselmo, California, escribe a Wright una carta pidiéndole que le dibujara los planos para construirse él mismo una vivienda. El arquitecto, divertido por el encargo, no duda en realizarlos y mandárselos por correo. Posteriormente, el profesor le vuelve a escribir para decirle que en los planos que le había mandado no había espacio para su perro Eddie. La respuesta de Wright no se hace esperar: al poco tiempo, Robert recibe en su vivienda una serie de dibujos en los que se diseña hasta el mínimo detalle de la nueva casa de Eddie. Sin duda, el perro más afortunado del mundo.


jueves, 7 de julio de 2011

Mueble M-Term multiuso

En este curioso país, muchas de las pocas obras que se realizan hoy en día tienen que ver con la rehabilitación y la reforma por patologías, errores y defectos en las edificaciones. Realmente, el sector de la construcción lo van a salvar las propias constructoras, debido a las altísimas calidades de materiales que se han utilizado y a los exaustivos controles para la correcta realización de las obras que se han ido realizando a lo largo de estos últimos años de locura. Ironías aparte, desconozco a una persona que haya comprado una vivienda de promoción privada que no haya tenido algún problema con ella. Ruidos, humedades, grietas, filtraciones... El catálogo es muy variado y extenso.



Entre los "límites" que salpican las páginas de este nuevo número de Opticks Magazine, destacamos la obra de la arquitecta Carmen Moreno, que ha realizado un proyecto de reforma en un ático de Granada con grandes problemas de aislamiento y de distribución funcional. Para solucionarlos, idea un mueble continuo perimetral adosado a la cara interior del cerramiento que servirá, por una parte, para proporcionar espesor y aislamiento, y por otra, para comunicar y articular toda la vivienda, creando una idea de espacio continuo, tan importante para los grandes maestros, como Mies o Le Corbusier.


Lo que en una estacia funciona como armario, se transforma en la adyacente en una mesa, para pasar a funcionar como bancada en el siguiente, y así sucesivamente, ofreciendo soluciones a las necesidades de cada una de las habitaciones. El uso de la madera proporciona calidez, y su combinación con el color blanco de las paredes y los techos, crean un espacio luminoso, diáfano y muy elegante.



miércoles, 30 de marzo de 2011

Arquitectura Japonesa (II): Shigeru Ban

El 17 de enero de 1.995, un terremoto de 6,9 grados de intensidad en la escala Ritchter sacudió Japón, destruyendo la ciudad de Kobe y provocando más de 6.000 víctimas mortales. Gran cantidad de edificios quedaron destruidos, y miles de personas se vieron en la calle, sin un hogar donde cobijarse. Un arquitecto japonés llamado Shigeru Ban, especialista en la creación de refugios temporales en países del tercer mundo, propone el uso de casas construidas con papel como medida de emergencia para acoger a toda esa gente, puesto que las autoridades se vieron desbordadas ante la magnitud de la tragedia.


Mediante un sencillo sistema que reutiliza los propios objetos que han quedado destruidos, el arquitecto lleva hasta el extremo la socialización de la arquitectura, ofreciendo al residente la posibilidad de construir su propia casa. Utiliza como cimientos cajas de plástico de botellas de cerveza rellenadas de escombros y tierra, mientras que las paredes se construyen con tubos de cartón, pintados con una resina para impermeabilizarlos, y unidos con vueltas de precinto de doble cara. Las cubiertas se materializan a través de una estructura de papel y plástico, de manera que se pueden abrir para permitir la ventilación del recinto. 


Ahora, el arquitecto se ha desplazado a los territorios castigados por el último gran seísmo para proponer el uso de esta arquitectura temporal, mientras se llevan a cabo las labores de desescombro y reconstrucción del noreste de Japón. Su forma de trabajo es particular, puesto que utiliza a estudiantes de arquitectura de universidades cercanas a la zona para que puedan aprender el sistema y, posteriormente, explicar su fabricación a los habitantes de las diferentes regiones, como realizó cuando puso en práctica estas obras en África, haciendo buena la recomendación de que si realmente quieres que una persona no pase hambre, enséñale a pescar y no le des peces.

Estoy seguro que en un par de años, con la capacidad de trabajo de sus habitantes, Japón resurgirá, como el fénix, de sus cenizas, dando, como están haciendo ahora, una lección de seriedad, saber estar y solidaridad al resto del mundo. Este proyecto de las casas de papel demuestra que una pequeña idea puede cambiar para bien la vida de muchas personas que lo han perdido todo. Ojalá que estos valores, que en occidente están en deshuso, vuelvan a aflorar sobre el estado de apatía y embriaguez que nos embarga.





miércoles, 23 de marzo de 2011

Paseo de Poniente en Benidorm, de Carlos Ferrater

El paisaje que se puede contemplar durante el breve trayecto en coche que separa Ibi de Benidorm es muy siginficativo del porqué muchos arquitectos están hoy en día con una mano delante y otra detrás. La ocupación salvaje del territorio en toda la geografía española se hace patente a lo largo y ancho del levante mediterráneo. Las macrourbanizaciones de adosados han transformado un ecosistema que, en mi opinión, no está preparado para abastecer a estas nuevas construcciones. Las obras ilegales campan por doquier con el beneplácito de las recalificaciones de nuestros representantes en los organismos públicos, de tal forma que donde hace unos años no había más que piedras, plantas, lagartos y culebras, ahora podemos encontrar edificiaciones con las formas más variopintas.


Pero no todo es negativo. En Benidorm, ciudad donde el boom inmobiliario es más que evidente, existen unas cuantas obras de gran valor, de extremada sensibilidad por el lugar donde se asientan, que no hacen sino mejorar el espacio que antes existía. Considero que este es uno de los fines últimos de la Arquitectura: si el espacio que se va a levantar sobre un terreno no va a ser mejor que el valor del propio terreno, mejor no levantarlo.


En 2002, el estudio del arquitecto Carlos Ferrater gana el concurso para realizar el paseo marítimo en la Playa de Poniente de Benidorm. Seguramente, Ferrater sea uno de los arquitectos con más proyección actualmente en España. Y yo creo que en las escuelas serias se debería estudiar su obra, como icono de la nueva arquitectura de calidad que se realiza en nuestro país. El espacio que conforma el paseo sorprende nada más verlo. Se eleva progresivamente hasta alcanzar una altura de más de tres metros para salvar el desnivel que existe entre las calles que unen La Cala con la Ciudad Vieja. Ello permite situar el tránsito en dos niveles: el superior, desde el que el caminante puede disfrutar de una preciosas vistas del Mediterráneo y de la Isla. Y el nivel inferior, junto con la arena, sobre un entarimado de madera que hacen de límite entre la playa y el paseo.


La materialización de la obra es ejemplar. El hormigón blanco mantiene la rugosidad del encofrado que se utilizó, creando una superficie continua, llena de detalles. Es un placer para el tacto caminar recorriendo con la mano toda la pared, al igual que los pasamanos de acero inoxidable, apreciando su calidez. El color del pavimento se va descomponiendo a medida que se avanza, generando tonalidades vivas que se van fusionando y trasformando en otras nuevas, creando un cromatismo muy agradable a la vista, similar al de las típicas construcciones mediterráneas de muchos colores, como las que todavía quedan en Villajoyosa. El uso de la vegetación es muy acertado, porque se han utilizado especies autóctonas, que apenas necesitan mantenimiento. El gusto por los pequeños detalles se denota en los canalones de piedra que separan el pavimento de los jardines, evitando el encharcamiento y la suciedad por aguas de escorrentía.


Para las barandillas han elegido una solución completamente permeable a la vista, mediante una estructura de acero inoxidable aguantada por finos soportes que se diluyen en las vistas lejanas. Las ondulaciones, que a mi me recuerdan a los dibujos que deja el agua en la arena de la playa cuando se retira, se curvan en formas imposibles que sirven como protección directa del sol esos días de verano en los que a más de uno se nos olvida la sombrilla. En definitiva, esta es una gran obra que podemos disfrutar cualquier día que nos apetezca acercarnos al mar y tomarnos una cervecita fresquita y una paella alicantina, dos de las mejores cosas que tiene esta tierra.